lunes, 2 de febrero de 2009

Los Zapatitos Rotos


Había una vez en un pueblecito lejano, un humilde zapaterito viejo,no tenía familia ni hijos, sólo lo acompañaban en su hogar un perrito y un gallo,el que cantaba alegremente todas las mañanas anunciando un nuevo amanecer.

Cada mañana al abrir sus cansados ojos,el viejito,elevaba sus oraciones a Dios,agradeciéndole por el nuevo día pero muy dentro de su ser tenía una tan grande,tan grande,que en ocasiones lloraba a solas y le pedía al Señor Jesucristo que lo dejara vivir lo suficiente para poder realizar el sueño más grande de su vida: poner en los pies de todo niño descalzo, un par de zapatitos nuevos.

Se acercaba ya la Navidad, la gente iba y venía alegre cargada de regalos y paquetes paseaba él por una calle,cuando en medio de ella vió un niño que dormía sobre el pavimento y tenía en sus pies un par de zapatitos rotos,se le entristeció de tal manera el corazón, que elevó sus oraciones a Dios con un sentimiento indescriptible.

Fue en ese momento,cuando observó que la cabecita del niño brillaba y se despertó de su sueño.
El niño lo miró y le dijo: "Mi padre ha escuchado tus oraciones y ruegos por eso me ha enviado a ti". Luego quitándose los zapatitos le siguío diciendo: "Me ha encargado que te entregue este par de zapatitos rotos, todo aquel que se lo ponga en la noche de navidad amanecerá con un par de zapatitos nuevos; y asi podrás cumplir con el mayor de tus deseos".Dicho esto el niño desapareció ante la mirada del zapatero.

Érase ya la noche de Navidad; al dar la iglesia las doce campanadas salió él con los zapatitos rotos , fue de calle en calle, de pueblo en pueblo colocando los zapatitos rotos a cuanto niño descalzo hallaba. Por fin amaneció y cuán grande fue la alegría de los niños pobres de calles y pueblos , pues todos tuvieron zapatitos nuevos en sus pies antes descalzos.

Cuando canto el gallo al amanecer, ya no escucharon las acostumbradas oraciones del zapaterito viejo;ni se abrió la puerta del taller. Sólo se sentía el aullar triste del perro. Fue en ese momento, cuando muchos niños con lágrimas de alegría en los ojos, se acercaron a la puerta del taller y decidieron abrirla. Entonces se llevaron una gran sorpresa, pues encontraron al zapaterito viejo sumido en el sueño más grande, pero con una sonrisa en sus labios y entre sus manos el par zapatitos rotos.

(Blacky)

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