sábado, 10 de enero de 2009

La Princesa de las Aguas

Había una vez un campesino que tenía un tesoro muy especial. Era un parasol mágico que le había dado el Rey de las Aguas como premio a su bondad. Con este parasol podía hacer llover cada vez que lo abría. De esta manera, sus campos nunca sufrían sequías y sus cosechas eran siempre abundantes.

Un día que hizo llover así, sus campos quedaron llenos de charcos. En uno de estos charcos encontró un bonito pez. Sus escamas eran brillantes y no paraban de cambiar de colores.Además, se movía con gracilidad dentro del agua. Al labrador le gustó mucho el pez y, pensando que cuando el charco se secara el pez tendría problemas, se lo llevó a su casa. Lo metió en un gran jarrón de agua clara y lo cuidaba cada día. Además, cada vez que tenía un poco de tiempo libre se sentaba a su lado para admirarlo y hacerle compañía.

Pero desde que llevó el pez a su casa empezaron a ocurrir cosas extrañas. A pesar de que cuando se iba por la mañana a trabajar al campo su casa estaba desordenada y sucia, cuando volvía todo estaba reluciente y en su sitio. Además, encima de la mesa siempre había deliciosos manjares recién hechos, listos para comer.

Una mañana, para intentar descubrir qué pasaba, decidió volver a su casa antes y esconderse tras unos juncos para mirar desde una ventana. Lo que vio le dejó maravillado. Del jarrón salió una bonita muchacha que empezó a limpiar la casa.

Decidió entrar en la casa para hablar con ella. La chica se sorprendió y el campesino intentó tranquilizarla:
-No te asustes-, le dijo el labrador -. ¿Pero me podrías decir quién eres?
- Soy la hija del Rey de las Aguas. La verdad es que te vi hablar con mi padre y me enamoré de ti. Quería venir a verte y mi padre me permitió hacerlo. Pero como temía no gustarte, me disfracé de pez.

El labrador se enamoró de ella al instante y al cabo de poco tiempo se casaron. Así vivieron varios años de felicidad absoluta.

Pero un día, unos soldados del rey pasaron por la zona y vieron a la chica. Asombrados por su belleza decidieron llevársela al palacio. El rey, cuando la vio, se encaprichó y decidió hacerla su prometida. Pero lejos de su verdadero esposo, la mujer perdió las ganas de sonreír y siempre estaba apagada y triste.

Mientras, su esposo, que no sabía lo que había pasado, decidió emprender la marcha para buscarla. Recorrió caminos y pueblos, pasando por ríos y montañas. De tanto caminar y preocuparse, el antiguo labrador se quedó en los huesos y sus ropas se transformaron en harapos. Con este aspecto tan miserable llegó a la ciudad donde el rey vivía. Cuando oyó hablar de la belleza de la nueva prometida del rey decidió entrar furtivamente en palacio para ver si era su esposa.

Cuando su mujer lo vio, su cara se iluminó y por primera vez en mucho tiempo sonrió, inundada de felicidad. El rey, al ver esta reacción de su prometida, pensó que la razón de su sonrisa era la visión insólita de un mendigo en medio de la suntuosidad del palacio. Por eso decidió cambiar sus bonitos trajes con los del vagabundo, para distraer a su prometida.

Pero en cuanto lo hizo, la mujer llamó a los guardias y les dijo:
- Llevaos a este loco que ha entrado en palacio -. Los guardias no reconocieron al antiguo rey y, tomándolo por un vagabundo, lo echaron.

Después llevó a su verdadero marido a los apartamentos reales. Así, el joven campesino se convirtió en rey y el país no tuvo sequía nunca más, porque gracias a su parasol mágico, el nuevo rey hacía llover cuando lo necesitaban. De esta manera, el pueblo nunca volvió a pasar hambre y el antiguo labrador y la hija del Rey de las Aguas vivieron felices en palacio.

(Cuento popular de Vietnam)

1 comentario:

Iris dijo...

Se respira magia en cada rincón nada más entrar en la página.
Me encanta este blog. Felicidades por crear algo tan maravilloso.