domingo, 18 de abril de 2010

Transitorio


Un famoso profesor espiritual llegó hasta la puerta del palacio del rey. Ninguno de los guardias intentó detenerlo mientras entraba y caminaba hacia donde el mismo rey estaba sentado en su trono.

“¿Qué quiere?”, preguntó el rey, reconociendo inmediatamente al visitante.

“Quisiera un lugar para dormir en esta posada”, contestó el maestro.

“Pero esta no es una posada”, dijo el rey, “es mi palacio”.

“¿Puedo preguntar quién era el dueño de este palacio antes de usted?”

“Mi padre. Él está muerto”.

“¿Y quien era el dueño antes de él?”.

“Mi abuelo. Él también está muerto”.

“¿Y este lugar en donde la gente vive por un corto tiempo y después se muda, acaso le oí decir que no es una posada?”

(Cuento zen)

jueves, 15 de abril de 2010

Oasis


Dos personas estaban perdidas en el desierto.

Estaban muriendo de hambre y de sed.

Finalmente, llegaron hasta una alta pared. Del otro lado podían oír el sonido de
una cascada y pájaros cantando. En lo alto, podían ver las ramas de un
abundante árbol que se extendía sobre la parte superior del muro.
Su fruta parecía deliciosa.

Uno de ellos se las arregló para trepar por la pared y desaparece del otro lado.
El otro, en cambio, volvió al desierto para ayudar a otros viajeros perdidos
a encontrar su camino al oasis.

(Cuento árabe)

martes, 13 de abril de 2010

La Araña



Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

(Cuento zen)

Zapatillas


A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás, le dijo el Maestro:

-”Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra”.

(Cuento Zen)

Cielo e Infierno



Un belicoso samurai desafió en una ocasión a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno.

Pero el maestro respondió con desdén:
—No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!

Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó:
—¡Podría matarte por tu impertinencia!
—Se acaban de abrir las puertas del infierno —repuso el maestro con calma.

Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al maestro la lección.

—Se acaban de abrir las puertas del cielo —añadió el maestro.

(Cuento zen)

lunes, 12 de abril de 2010

Aprendiendo a ver


Cuentan que en la carpintería hubo una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias.
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. Se pasaba el tiempo haciendo ruidos.
El martillo aceptó la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera.
El tornillo aceptó el ataque pero exigió la expulsión de la lija.
Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso su delantal e inició la tarea.
Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Finalmente, la tosca madera se convirtió en un hermoso mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando el serrucho dijo: Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Eso nos hace valiosos. Así que no pensemos en nuestras fallas y concentrémonos en la utilidad de nuestros méritos.
La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas, el metro es preciso.
Se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad.
Esta nueva mirada los hizo sentir orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.

(Enrique Mariscal, del libro "Cuentos para regalar a personas sensibles")

El elefante colorado


En un hermoso país nórdico, vive muy feliz un sabio y rico vendedor que conocí en mi juventud.
Mantiene por estrategia, comercial e impositiva, un perfil publicitario bajo, pero sus ventas son fabulosas.
Ofrece en trato particular, directo, el más extraño de los productos, un artículo increíble por todos deseado: un frasco de agua que se transforma, al agitarlo serenamente durante un minuto, en oro puro.
Este buen hombre no tiene problemas de materia prima en este generoso y contradictorio planeta que se llama Tierra pero su mayor superficie es agua.
Es un vendedor que nunca ha recibido una sola queja de sus ambiciosos clientes.
Al cerrar la venta, envolver el preciado producto, cobrar en efectivo y entregarlo, completa la operación con el siguiente aviso: -
"Eso sí, no lo olvide nunca: para que el experimento funcione correctamente, cuando usted agita el producto, no debe pensar en el elefante colorado. Si lo hace, suspenda inmediatamente la alquimia y espere un momento más apropiado de su mente."

Los atentos consumidores intentaban una y otra vez llegar al beneficio del oro puro, pero en forma recurrente, infatigable, ¡El elefante colorado aparecía en su escenario mental...!
¿Cuáles son los elefantes colorados que impiden los beneficios de un proyecto, de un sueño o de una empresa?
¿Qué nombre toman los miedos invasores que malogran con su presencia nuestras esperanzas de realización?
El agua que se transforma en oro puro opera en la confianza. Evapora sus intenciones de abundancia en el miedo.
Sólo una mente segura de sí misma puede responder a lo nuevo con lo nuevo.
Caso contrario convoca a la caravana de elefantes colorados que desde niños heredamos de nuestros abuelos, y opaca, con el miedo, las posibilidades extraordinarias de nuestra sensibilidad.

(Enrique Mariscal, del libro "Cuentos para regalar a personas sensibles")